Por Adriana Rossi.

Vivimos en un mundo donde las amenazas se ciernan sobre la humanidad, amenazas variadas, múltiples y con características específicas.

Son transversales, transnacionales, traspasan  fronteras, atraviesan países, pueden establecer alianzas entre ellas a pesar de tener objetivos distintos. En su mayoría no son estatales[i], aunque se enfrenten a los Estados, respecto de los cuales son asimétricas en poderío, estrategias y tácticas. Los Estados Unidos han confeccionado desde los 90 un listado que las incluye: amenazas voluntarias como el terrorismo, el crimen organizado, el tráfico de armas, las migraciones ilegales y el narcotráfico devenido en narcoterrorismo y amenazas involuntarias, desde las catástrofes naturales a los cambios climáticos.

Todas ellas ponen en peligro la paz, la libertad y la democracia desde la peculiar visión del país del norte para el cual la paz es “americana”, la libertad es  libertad de comercio, demiurgo de las demás, y la democracia es la democracia formal, de libres elecciones, división de los tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial, pero de débil control ciudadano. Esta clase de paz, de libertad y de democracia se ajusta al modelo e intereses del neoliberalismo con su ordenamiento económico-financiero, con su estructura de sociedad fragmentada y cultura homogeneizada, ambas necesarias a ese nuevo orden del cual los Estados Unidos son los paladines y que tratan de difundir al compás de la globalización y protegerlo de todo tipo de peligro.

Para tal fin, necesaria es la eliminación de las amenazas, a erradicarse antes de que se materialicen y se conviertan en peligros reales. Fundamental por tanto es ubicarlas, estén donde estén e intervenir de acuerdo a una estrategia de prevención, base de la doctrina de los “ataques preventivos” y de la “guerra preventiva”, como la de Irak.

De acuerdo a estas premisas los Estados Unidos han diseñado una arquitectura militar y también policial, ésta última sobre todo para América Latina, que privilegia la seguridad por encima de la defensa, concepto éste estrechamente vinculado al territorio. Y en el altar de la seguridad Washington sacrifica el respeto por la soberanía de los países, el cumplimiento de las normas de la justicia que se convierte por lo tanto en venganza y donde la tortura encuentra su propia justificación, todo ello en desmedro del derecho internacional y de sus instrumentos, con lo cual se abren puertas a lo que puede llegar a ser una nueva y peligrosa era de barbarie[ii].

En este esquema de seguridad el mundo ha sido dividido estratégicamente en seis regiones, bajo la responsabilidad de seis Comandos de Ataque[iii]. En su conjunto y al interior de cada una de ellas se han conformado redes con puntos nodales en lugares a veces geográficamente insignificantes, pero de importancia estratégica donde confluyen corredores de seguridad alternativos e intercambiables. Los nodos son instalaciones militares, sean éstas bases, Centros de Seguridad Cooperativas, radares, pistas de aterrizaje, que se calculan alrededor de mil esparcidas en el mundo, entre las declaradas y las secretas y sin contar las instalaciones al interior de los Estados Unidos.

Las redes constituyen un sistema  de inteligencia y operatividad que responde a un principio fundamental en esta época de la inmediatez: información real en tiempo real, para actuar también en tiempos reales, sin dilaciones, y permitir a los Estados Unidos ejercer su hegemonía, hasta hace poco incontestable e incontestada, y asumir el rol de policía mundial.

Un rol que abulta presupuesto en un momento de grande crisis y que muestra algunos inconvenientes en el escenario político internacional y que ha empujado al presidente Obama a introducir correctivos, lo cual no significa cambios de fondo, más bien implica profundización de un modelo a escala planetaria.

Los cambios de Obama

El primer correctivo es un recorte propuesto al Congreso que alcanzaría al Pentágono. Estados Unidos se retira de Irak este año. Quedarán unos 4.450 hombres y empezará su retiro de Afganistán, a concluirse en el 2014. Esto significaría un ahorro cuantioso considerando que en ambos escenarios para el año 2009, se trituraron 170 mil millones de dólares[iv]. Posiblemente se cierren bases y se reduzca también cantidad de uniformados, ya que las nuevas guerras no prevén grandes escenarios de combates con grandes masas de soldados. Éstas son remplazadas por grupos altamente equipados y entrenados, las tropas de élite de las Fuerzas de Despliegue Rápido.

El plan dispone el ahorro de 78 mil millones de dólares hasta el 2016 y, se supone, de un total de 400 mil millones de dólares en 10 años. La quita, que no se aplica al presupuesto básico del sector militar, que en cambio se incrementará[v], no equivale, por lo mismo, al desmantelamiento de la arquitectura militar vigente, considerada más que nunca necesaria y a la que los Estados Unidos no están dispuestos a renunciar. Tan sólo significa aplicar otros correctivos que responden a una racionalización de recursos, que ese mismo andamiaje permite y le permite a su vez ser más eficaz y, en algunos casos, menos dispendioso.

El rol de la inteligencia en este nuevo esquema es fundamental. Los cambios en la conducción de la CIA y del Pentágono realizados por Obama[vi], auguran una más estrecha colaboración y una mayor y proficua interconectividad entre inteligencia y operatividad. En el campo de la inteligencia se dará impulso al Cyber Command que se formó en el 2010 para la seguridad del ciberespacio por donde circula la información, así como al sistema satelital, Advanced Extremely High Frequency Satellite[vii], que permite escudriñar cada rincón del planeta para transmitir las 24 horas informaciones militares en caso también de guerra atómica, que evidentemente nunca ha salido de las posibilidades a plantearse, y para la cual el complejo nuclear será rehabilitado[viii]. Se recurrirá al uso de tecnología de punta, sobre todo en el sector aeronáutico, columna vertebral de esta nueva estrategia, que une inteligencia con operatividad, recurriendo a aviones y helicópteros no tripulados.

Y se alentará la partnership.

El rol de los socios

Recientemente Obama llegó a afirmar que los Estados Unidos no pueden asumir por sí solos el rol de policía mundial[ix]. Desde su llegada a la Casa Blanca el presidente ha enfatizado la necesidad de un concierto mundial entre pares. A nivel de seguridad esto significa el involucramiento sobre todo a dos niveles, logístico y operativo, de países terceros, sean amigos o simplemente socios, ya planteado en los documentos militares.

A nivel logístico significa que varias de las instalaciones que los Estados Unidos solicitan no serán de propiedad de ese país, sino simplemente prestadas, mediante acuerdos entre los países anfitriones y los Estados Unidos y serán utilizadas por el lapso de tiempo que el Pentágono considere necesario.

En lo que se refiere a los operativos de guerra, los Estados Unidos han inaugurado un modus operandi que limita su intervención directa. Ésta más bien estará a cargo de aquellos países, que en alianza con Washington, se inserten operativamente en los escenarios de interés específico propio, mientras los Estados Unidos concentrarían en sus manos la inteligencia que permitirá tales operativos. Un ejemplo de ello es Libia. La intervención mediante bombardeo fue iniciada por los Estados Unidos y dejada luego en manos de Francia y Gran Bretaña y de la OTAN, so pretexto de que Nord África es de interés y competencia de los europeos y los Estados Unidos no pueden asumir el costo, no sólo económico, sino y sobre todo político de tantas intervenciones.

El escenario que se plantea es preocupante y complejo y las consecuencias pueden ser catastróficas. Se abre un espacio para intervenciones simultáneas y múltiples, para la expansión de los conflictos y para el involucramiento de países y sociedades en guerras que no les incumben.

América Latina en el esquema de seguridad

América Latina entra dentro de este esquema con las peculiaridades determinadas por la situación de la región. Por estas tierras los Estados Unidos visualizan sobre todo una amenaza, la del narcotráfico. Sin clara definición del fenómeno, se lo asocia al terrorismo y a la subversión desde el conflicto en Colombia. Considerado un “arma” contra la seguridad nacional de su propio país, los Estados Unidos, desde los años 70-80[x] han abierto un frente de conflictos que se han desarrollado con virulencia sobre todo en Perú y Colombia para desplazarse actualmente a México y Centroamérica.

Todas las iniciativas antinarcóticos tomadas por los Estados Unidos constituyen hoy en día ese andamiaje que se fue construyendo a lo largo del continente[xi].

Ya en el año 1999, el comando Sur tuvo que adoptar una serie de medida que le permitiera de alguna forma paliar las dificultades que su salida de Panamá, para dar cumplimiento al acuerdo Torrijo-Carter, provocaba. Pero antes de este traslado, los Estados Unidos habían puesto en práctica los principios de esa doctrina hoy en vigencia la que prevé redes y tecnología y ataques preventivos, que, aunque novedosa encierra elementos de la doctrina de Seguridad Nacional y sobre todo la de los Conflictos de Baja Intensidad, que fueron aplicadas anteriormente en el continente.

La formación de policía militarizada y de cuerpos especiales; la diseminación de Centros de Seguridad Cooperativa y la radarización del espacio aéreo; los planes como el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida; el involucramiento directo del Pentágono y de los ejércitos locales como el colombiano, el peruano, el boliviano y el mexicano y los centroamericanos, en la lucha contra el llamado narcoterrorismo; la apertura de nuevas bases militares o la reactivación de antiguas como la de Palmerola en Honduras; la implantación del Institute for Law Enforcement Administration, ILEA, en El Salvador, para la formación de policías para todo el continente, los cursos para policías con entrenamiento militar de parte de uniformados de Estados Unidos en distintos países, la apertura de bases policiales en territorio panameño, los ejercicios multilaterales y la reactivación de la IV Flota, son los hitos de una avanzada estadounidense, desde sus fronteras hasta el sur del territorio americano.

A distintos pasos y a un ritmo cada vez más acelerado, la red que se estaba conformando se va ampliando. Es más, algunas instalaciones militares, como las siete bases colombianas a prestarse (si es que se firma el convenio varado en Colombia y en los Estados Unidos), proyectarían a Sudamérica a una dimensión mundial por ser, una de estas bases, la de Palanquero, el punto nodal de distintos corredores de seguridad, uno de los cuales une Latinoamérica con África. Y es una red que opera sobre el principio de la partnership, que hace por ejemplo que la policía colombiana, famosa por su desempeño criminal en el campo de los derechos humanos, sea el organismo que está entrenando a policías y soldados del ejército mexicano. El convenio firmado por los dos países garantiza a los Estados Unidos la formación “adecuada” de las fuerzas de seguridad del país azteca en una lucha sangrienta contra los cárteles de la droga.

Y a este andamiaje su suman la ayuda humanitaria como la a Haití, que militarizó la isla, el golpe de estado en Honduras, el fallido golpe de Estado en Ecuador, la ruptura luego soldada entre Colombia y Venezuela, la intervención de Colombia en Ecuador, el pleito fronterizo entre Nicaragua y Costa Rica, hechos desestabilizantes a los que contribuyen los medios de comunicación oportunamente digitados.

Detrás de todo ello está la lógica de la hegemonía, esa lógica que ambiciona recursos, territorios y mercados, lógica de poder de los grupos corporativos escudándose en gobiernos, como el de los Estados Unidos que los representan. Lógica que en América Latina puede ser contrarrestada por un proceso de unidad  e independización como el iniciado por UNASUR y a través de la concientización de los pueblos y sobre todo de la juventud, motor del futuro. Habrá que sensibilizar sobre qué mundo queremos como humanidad, para conjurar esa lógica que necesita de la “guerra infinita” y de la administración del caos[xii] para su existencia y aplicación.


[i] Los Estados también pueden ser considerados una amenaza, aunque en un sentido alejado del clásico. Son los Estados Fallidos o en vía de serlo por tener baja calidad institucional y bajo grado de  gobernabilidad y los Estados que en la época de Bush integraban el “eje del mal”. Eran los países denominados “canallas”, peligrosos para la humanidad por amparar a terroristas, no respetar los Derechos Humanos y sobre todo por tener en sus arsenales armas de destrucción masiva tales como atómicas, bacteriológicas y biológicas.

[ii] El asesinato del supuesto Osama ben Laden es una muestra fehaciente de este nuevo modus operandi violatorio de cualquier norma internacional. En la Operación Gerónimo, se violó la soberanía nacional de un país amigo y aliado, Pakistán, se ejecutó a un hombre desarmado negándole el derecho a ser juzgado por un tribunal, y se recurrió a la tortura de detenidos por terrorismo. Estos últimos se encuentran encerrados, sin posibilidad de defensa, entre Guantánamo y las cárceles clandestinas acondicionadas por Estados Unidos esparcidas por Europa oriental y Medio Oriente.

[iii] Los comandos están bajo la responsabilidad de seis generales: el USNORTHCOM (Comando Norte con sede en Colorado), el USSOUTHCOM (Comando Sur con sede en la Florida), el USEUCOM (Comando Europeo con sede en Alemania), USPACOM (Comando del Pacífico con sede en Hawai) y el USCENTCOM Comando para Medio Oriente y Asia Central (con sede en Florida) y por último el USAFRICOM (Comando África con sede en Alemania), constituido este último en el 2007 bajo el USEUCOM, y que Bush independizó en el 2008. Ver ROSSI Adriana, “La Telaraña del poder hegemónico” en http://droga-militarizacion.blogspot.com.

[iv] Belasco Amy, “The Cost of Iraq, Afghanistan, and Other Global War on Terror Operations Since 9/11”, Congressional Research Service, March 29, 2011, en www.fas.org/sgp/crs/natsec/RL33110.pdf

[v] En el 2010 el presupuesto básico fue de 530.8, en el 2011 de 549.1 y el requerido para el 2012 es de 553 mil millones. Department of Defense, “The Federal Budget. Fiscal Year 2012”, en www.whitehouse.gov

[vi] Ha sido designado al Pentágono Leon Panetta, ex jefe de la CIA, y a la CIA, David Peatrus, ex comandante de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán.

[viii] Department of Defense, “The Federal Budget. Fiscal Year 2012”, en www.whitehouse.gov

[x] La Guerra contra la Droga, caballo de batalla de Ronald Reagan, fue declarada por primera vez por Richard Nixon en el año 1971.

[xi] La política antinarcóticos no ha dado respuesta a un fenómeno que se fue extendiendo sin dejar afuera en la actualidad a ningún país del continente.

[xii] Guerra infinita y caos permanente que sólo puede ser administrado son concepto de la era Bush que siguen vigentes.

 

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